Luis Oyarzún o el sabor de la tierruca

¡Tiemble el mundo y sacudan sus plumas los manes de Homero! Hemos decidido buscar –y encontrar- al casi inabordable poeta que, recientemente, tuvo el honor de ver inscrito su nombre en la lista de los “inmortales” consagrados por la Ilustre Municipalidad de Santiago. Sobreponiéndonos a las aterradoras leyendas que circulan cerca del carácter huraño y retraído de Luis Oyarzún, haciendo caso omiso de las recomendaciones, que nos lo pintaron como un ermitaño colérico, llegamos a su casa-quinta, situada en Renca, donde –pantalón de pana, camisa a cuadros y gran guarapón de paja- el autor de “Los días ocultos” se muestra dedicado a roturar la tierra.

 

PAMPLINAS

Sus ojos llamean al captar la presencia de forasteros. Al acercarnos, creemos que ya lo han coronado. Pero no; más cerca, advertimos que se ha puesto unas cáscaras de papa en las sienes para combatir un dolor de cabeza.

-Maestro –decimos-, queremos entrevistarlo con motivo del Premio Municipal que le ha sido otorgado…

-¡Pamplinas! –responde, apoyándose en un azadón-. El día que yo gane un solo premio dejaré de escribir para siempre. Bueno, ¿y qué?

(Corpulento y agresivo como un leñador, blande amenazadoramente su instrumento de labriego).

Un libro pugna por escaparse de uno de sus bolsillos.

-¿Qué lee actualmente, maestro? –interrogamos-.

-“El callejón de la bombilla”, de Ernesto Eslava –dice con voz ronca que pretende hacerse más suave-. Esta es la obra que mayor efecto ha hecho en mi vida. “Güen dar” con lo bien que escribe este hombre. No ofrece nada nuevo; ahí está su mérito.

Arremetemos a fondo:

-En cuanto a vehemencia de lenguaje, a Ud. se le compara muy a menudo con Pablo de Rokha. ¿Qué opina de ello?

-¡Las huifas! –exclama poniendo de relieve su ya célebre estilo literario-. Perdonando la expresión, yo me hallo solo como siempre lo he estado; no tengo parentesco con ningún Pablo. Mi poesía viene directamente de Paulino Uzcudum, el enorme leñador vasco que de la noche a la mañana conquistó gloria en el boxeo mundial.

Dominadas las asperezas del primer instante, el poeta nos ofrece un “Joutard”.

 

FLOR Y NATA EN LA TIERRA

-Maestro, ¿qué escritores chilenos le interesan verdaderamente?

-¡Flor y nata de la tierra, esto es lo que pido! Hernán Jaramillo, el de “Los anteojos de Deidamia”, me parece formidable. Los “garabatos” con que adorna sus temas son de primera. También me gusta la obra de ese niño Guerrero. Perdonando la expresión, uno no tiene necesidad de ir a una caleta para sentir el olor a “pescao”.

-Se comenta mucho –apuntamos- que usted maneja muy bien la oratoria. ¿Qué puede señalarnos?

Oyarzún sonríe.

-“Díceres”, no más. “Díceres”, no más.

-Maestro –proseguimos-, ¿ha oído hablar de Henri Michaux y de sus experiencias poético-mescalínicas, último grito de la moda en Francia?

-¡No bromeen! Pero, ¿existe Francia todavía? Yo imaginaba que los gorros frigios la habían aplastado en 1789. No, amiguitos. Para escribir poemas decentes no hay nada mejor que las pasas. Así me lo enseñó mi maestro “On Zaro”.

-¿Habla usted otras lenguas fuera de la propia?

-¡Chitas! ¿Por quién me han “tomao”? Yo no traiciono el sabor de la tierruca. Yo solo hablo la mía. Y harto que “m’ei costalito pa’prenderla”.

-¿Muchos viajes por el extranjero?

-¡Qué locura! Perdonando la expresión, únicamente suelo ir al fondo de la quinta a darles de comer a las bestias.

-¿Cuál es su opinión sobre Bergson?

-Versos, sí; versones no “puh hom…”

 

POETAS Y ESPUELAS

-¿Considera usted que el poeta está obligado a adquirir conocimientos universitarios?

-Eso de los poetas que tienen grandes títulos universitarios me suena a pura “payasá”. “Contimás” que yo soy admirador del Colo…

(Sentimos ruido de espuelas).

-“Loreen” –indica el vate- ahí viene el huaso Molina con el guaina Roberto. El guaina Roberto sí que es inteligente. Cuando grande va a estudiar Veterinaria. Perdonando la expresión, estos “gallos” vienen a cobrarme una apuesta. Son hinchas de la “U”.

-Una última pregunta, maestro: ¿Qué piensa de la antipoesía de Nicanor Parra?

Calándose su guarapón, Oyarzún nos tiende la mano.

-A ese ñato, perdonando la expresión, le gusta la breva “pelá” y en la boca. Nunca hará nada más “macanúo” que la “Cueca larga”.

Nosotros quedamos a la espera de la obra que el poeta se encuentra preparando en colaboración con Eduardo Molina Ventura: un volumen (epopeya) de más de 800 páginas sobre la extinción de los bebedores de Colchagua, titulado “Las acequias de nuestro pueblo”.

Luis Oyarzún

Firmado como B. C.