Los pájaros errantes, por Pedro Prado

La primera edición de este libro, hecha en 1915, produjo verdadera emoción, ya que en él se congregaban poemas en prosa o, como dice el autor en el subtítulo, “poemas menores y breves divagaciones”, y en esos años se discutía acerca de las fronteras que se podían trazar a ese género. Cuarenta y cinco años han pasado, y en esta nueva edición (Nascimento), despejada la sorpresa, subsiste el encanto de la reposada lectura, que es, por lo demás, la única que corresponde a las obras de tal autor.

Su atención se proyecta hacia sucesos delicados en que la naturaleza se labra un hueco, con la repetición de actos idénticos; pero mientras ella repite, el contemplador descubre lo inédito, lo esencial, lo privativo, y solo a ello se aplica en el elogio de su canto. Por eso estos “poemas menores” son, dentro de la obra de Prado, muy importantes y nos abren paso a la consideración de sus capas más profundas, ya que a cada paso encontramos en ellos insinuaciones delicadas, símbolos, risueñas enseñanzas, sutiles deleites del pensamiento y de la forma. Y así podemos entender cómo en esta literatura de tono menor, de cortísimo aliento, ya que cada poema es brevísimo, haya tanto espacio a la meditación sobre la vida, sus afanes, sus inquietudes, sus misterios.