Las mejores poesías de Víctor Domingo Silva

Si existe en Chile fama de poeta sólidamente establecida, es sin duda la del señor Silva. Sus cantos han salvado los linderos de la República, han tenido eco en las clases más bajas, en los más ocultos hogares de nuestro pueblo. Es que su voz de bardo estuvo siempre al servicio de las grandes causas, de las que interesan a todo chileno, a todo hombre civilizado. Es que el poeta ha defendido siempre con su verba inspirada los derechos de los humildes, ha ensalzado el trabajo, la libertad, el vuelo sin trabas del pensamiento soberano, convirtiendo así en noble cátedra su obra poética. No ha sido el señor Silva poeta de escritorio: ha viajado, se ha detenido a contemplar en desiertos y en océanos; lleva impresa en la retina la visión indeleble del paisaje chileno, y lo fotografía en sus cantos. Vate en la augusta acepción del vocablo, ha querido el señor Silva señalar nuevos rumbos a sus conciudadanos, prevenir conflictos, aconsejar, conminar. Todo esto mediante el ejercicio de un genio vigoroso que da relieve a las firmes convicciones, hace que su nombre sea para la gran mayoría de los chilenos sinónimo de alta y patriótica poesía.

El presente volumen, que contiene lo mejor de su obra, corrobora en todo el juicio popular. Estas poesías abordan los más varios temas, y los tratan en todos los tomos, con seguridad y acierto; en todas ellas lucen las mismas condiciones generales, que forman el talento mismo del señor Silva. Junto al vate de los hondos sentimientos familiares, que se enternece ante la cuna vacía o con el recuerdo de la lejana madres, que en ardientes estrofas evoca el recuerdo de los amores que huyeron, junto al poeta de tribunicia elocuencia hallamos al bardo que en arrebatado ímpetu celebra los altos ideales de la humanidad o en vengadoras frases castiga a los conculcadores de la cultura y del derecho. Su verso, de ordinario fluido y fácil, se condensa aquí, se dilata más allá, extendiéndose en periodos enormes para lanzar con arrobador empuje sus magníficas concepciones.

La imaginación sigue dócil las huellas de la idea, y presta a la demostración las galas de la fantasía. Abundan por estas páginas figuras de toda índole, llenas de esplendor y pompa muchas, bajas y deliberadamente crudas y triviales otras. El autor […] por contraste, al modo de los músicos que discurren acordes inarmónicos para producir emoción y belleza. Brotan con abundancia verbal inagotable. Jamás falla la palabra. Al revés: hay reduplicación de efectos retóricos; las frases suscitan nuevas frases y las proposiciones incidentes se injertan en la oración matriz, porque el poeta coge a dos manos y por doquiera sus riquezas para derramarlas en sus versos. Cuando el idioma (rico, sin embargo), no responde a su idea, cuando no acude con el vocablo preciso y que debe encajar exactamente en su construcción poética, él, sin escrúpulo mayor lo inventa. Cierto es que algunos de esos términos […] ni tienen más motivo de ser que las imposiciones de la rima. A esta debemos palabras como “consolatriz, desgonzar, oleante, echona, hirsuteces, inhóspites” y otras […] Todas esas composiciones son extensas. Como el cóndor, el poeta necesita de las alturas, del espacio infinito para desplegar el vuelo soberano. Su vista abarca todos los aspectos del asunto, lo domina desde las cumbres, y en estrofas enormes lo describe cual si esculpiera un inmenso relieve. Léase, por ejemplo, la magnífica descripción de la pampa salitrera, que es todo un himno a la indomable voluntad humana.

Hallo aquí el don supremo de la poesía, la sinceridad. Estas páginas escritas en todo el ardor de la inspiración y que exhiben al desnudo el alma del poeta, con sus generosos arranques, sus bíblicos enojos y apremiantes exhortaciones, se entran por la fuerza en el espíritu de los lectores, fundiendo con su fuego toda frialdad o indiferencia. Porque no le basta al señor Silva exponernos sus ideas y sentires; quiere persuadirnos, movernos a la acción. Y esa tenaz, enérgica y dominadora voluntad es la que imprime en sus versos eficacia, vida y hermosura sin par. Poesía despótica de acento, fuerte y amable dictadura de la Musa.

Si bellas en su espíritu general, en su arquitectura estas poesías halagan también el espíritu con mil hermosos detalles, aquí algunos versos en que centellea la antítesis como en choque de espadas, más allá tal cual dulce y tierna estrofa que habla de la gracia del infante o nos trae un eco de idílica armonía campesina o nos pinta la eclosión de los afectos, o rememora un pasado estival. Y junto a la alegría del vivir, escuchamos en ciertas notas la melancolía por lo que ya no vuelve, eslabonada con la sombría inquietud del futuro por los desengaños y tristezas del presente. Otras páginas nos deslumbran con alguna bíblica imagen o con algún fulgurante apóstrofe. La variedad de los metros, su ingeniosa combinación, el artificio de las estrofas añaden singular interés a esta poesía tan rica de contenido. Pero ningún comentario valdrá lo que los versos mismos. Los lectores me agradecerán que transcriba algunos para muestra. Dice el poeta (pág. 36) con encantadora melodía y sencillez:

“Y con algo tan suave, dentro de mí, tan puro

como un sueños de virgen, he cantado en lo oscuro

de mi alma y de la noche, alguna de esas bellas

canciones sin palabras que escuchan las estrellas”.

La siguiente cuarteta (pág. 52), apasionada y casta, encierra un poema:

“…mientras en nuestros labios las delicias

de estas inmensas horas solitarias,

ponen frases de amor que son caricias,

pero que escucha Dios como plegarias”.

Hay en el señor Silva, poeta erótico, notables acierto, como por ejemplo, el de esta estrofa:

“Entre la lluvia de hojas amarillas

me irás diciendo que no te hable de eso…

y habrá para un sonrojo dos mejillas

y cuatro labios para un solo beso” (pág.58).

En la página 75 hallo una larga estrofa que por el ardor del sentimiento y la absoluta naturalidad y sencillez parecería desprendida de las “Pasionarias” de M. Flores.

Ya en más serios pensamientos el poeta pregunta:

“Tal es la ley de nuestra suerte avara?

¡Mísero el corazón si espera el olvido,

y más mísero aun si no esperara!” (pág. 83).

Algo de la intención antitética de Campoamor brilla en esta cuarteta:

“…del infinito desvelo

de un idilio vagabundo

que tuvo mucho del cielo

y muy poco de este mundo” (pág.103).

Nada más tenue y diáfano que la siguiente estrofa:

“Envuelta en su amplia túnica de seda

viaja, del valle por la verde alfombra

florida y por los árido faldeos,

la dulce peregrina que es la sombra” (pág. 171).

Y nada más vigoroso y pintoresco que estos versos tomados de la misma página:

“¡Brava persecución! Lucha sombría!

Muerde el hierro a la piedra a golpe bruto,

le abre un tajo que llena el explosivo;

truena el tiro, y el hombre, diminuto

como un microbio ante el peñón furtivo

e insaciable como él, lo va royendo…”

Un tren se aleja de la pampa calichera, rumbo al puerto. Así lo ve el poeta (pág.208):

“Ya solo es un gusano entre los ceros

de la costa… Se ha ido! Y solo queda,

vaga como el ensueño y la esperanza

flotando en el espacio la humareda”.

Finalmente, porque hay un término para todo, léanse estas robustas líneas:

“…La bandera es madre –es hembra,

y si en medio de los vivos a menudo el odio siembra

por encima de los muerto solo arroja la piedad” (pág. 261).

Si no cabe negarle al señor Silva todas las dotes de gran bardo, si su estro brillante, su dominio del idioma y la sinceridad de sus afectos no admiten duda, hay, no obstante, que formular algunas reservas acerca del fondo mismo de ciertas composiciones y del espíritu general que en algunos casos me parece haber extraviado el autor. Hablo de su tendencia a exagerar la triste situación de nuestros proletarios pintándola como una excepción en el mundo, y, lo que es más serio, poniéndolos en antagonismo con las clases dirigentes. Esto me parece inexacto, injusto, peligroso. ¿Por qué el señor Silva lanza al espíritu irreflexivo y apasionado de las muchedumbres esos gérmenes de revueltas y odio? ¿Con qué derecho generaliza hechos transitorios, excepcionales? ¿Por qué convierte en conflictos de castas lo que es normal evolución de toda sociedad humana?

Un gramático riguroso podría, en la forma misma de estas poesías señalar impropiedades y defectos, malas construcciones, erróneas concordancias, giros viciosos, tal cual la palabra grosera, y más de un concepto en que el afán de novedad se traduce en epilepsia del estilo. No hagamos más alto en ello, que bien sabrá por si solo discernirlos el poeta. Todo sol tiene sus manchas, sin por ello dejar de ser vivífico, bello y fecundo. Y en vez de criticar, y de repetirnos que un griego o un francés hubieran evitado tales faltas, apresurémonos a coger el libro y a elevarnos en alas de este poderoso poeta.