
“Vuelve en trenes perdidos
un corazón tenía lámparas
acordeón de luces amarillas
esparcía su fragancia
de mariposa”.
No hay por qué alarmarse. En “Ulysses” de Joyce, existe el despertar de una muchacha, de cuyo monólogo incongruente dijo Arnold Bennet: “Nunca he leído nada que lo supere”.
Las “macedonias” de palabras tienen, por lo tanto, un egregio precedente.
Firmado como Ginés de Alcántara.